Después de ese Llanto
¿Qué queda Después del llanto? ¿Nuestros fantasmas arrastrando pesadas bolas de nada y angustia? Cuando la vida se hace agua en el poema, la gota es también océano. Quedan entonces la página con manchas de agua y el agua que somos, la lluvia que fertiliza nuestro cuerpo lanzándose al vacío y el estallido de mil soles viejos. Quedan los caminos de sangre seca y llanto olvidado. Quedan los versos de Pep Balcárcel y su poema total, llovido en nosotros. He aquí un poeta de la angustia, un hijo de su tiempo y su verdad. Ser poeta es acercarse a la verdad con todo el esfuerzo que la verdad exige, dice Vicente Aleixandre, y en los versos de este poemario hay una intensa lucha por acercarse a la verdad, con los ojos demasiado abiertos, según enuncia el poeta. Aquí, los poemas se hallan transidos por el hilo del miedo, la muerte, la ausencia, la desesperación y el dolor. "Ayer vomité lágrimas imaginando/ un paraíso imposible", dice la voz poética, entre instantes y cristales quebrados.
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